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Parvovirosis

Qué es y cómo se contagia esta enfermedad. Grupos de mayor de riesgo. Cuáles son sus síntomas. Diagnóstico, tratamiento, control y medidas de prevención.

¿Qué es la parvovirosis canina?
Es una enfermedad muy contagiosa producida por un virus pequeño (en latín: parvo) que ataca tanto a los perros domésticos como a sus parientes de vida silvestre. Si bien afecta a los canes de todas las edades es particularmente peligrosa para los cachorros mayores de seis semanas y menores de 6 meses. El daño que provoca este virus se localiza principalmente a nivel intestinal, donde produce inflamación (enteritis) y, en los cachorros, también puede lesionar al músculo cardíaco.
Los primeros casos de esta enfermedad fueron diagnosticados en Europa en 1975 y tres años más tarde comenzó a detectarse en perros de nuestro continente. En la actualidad es de distribución mundial siendo una de las enfermedades infecciosas más comunes de los perros.
Aunque el origen de este virus no está del todo establecido, los expertos creen que pudo haber sido a causa de una modificación genética o mutación producida en forma natural en el código genético o ADN del virus que provoca una enfermedad de los gatos llamada Panleucopenia felina. A pesar de este supuesto origen, el parvovirus no se contagia a los gatos. Tampoco afecta a las personas.

¿Cómo se contagian los perros?
El parvovirus canino es un microorganismo altamente infeccioso y muy resistente frente a condiciones ambientales rigurosas por lo que puede sobrevivir fuera del animal por varios meses. La principal forma de contagio se produce a partir del contacto directo o indirecto de un perro sano con la materia fecal de otro enfermo. Basta una pequeña cantidad de estos residuos conteniendo el virus para que actúe como un foco de infección para muchos otros perros. Esta situación se produce con bastante frecuencia en paseos públicos u otros sitios donde se concentran en un mismo lugar muchas mascotas, aumentando el riesgo de contacto con los desechos de otros animales.
Las personas pueden contribuir a la diseminación de la enfermedad transportando restos de materia fecal con el virus adherido a la suela de sus zapatos. Otras formas en que este microorganismo puede trasladarse de un lugar a otro es permaneciendo en contacto con los pelos o patas de los perros, en jaulas contaminadas u otros objetos.
Los perros infectados eliminan este virus al ambiente por más de tres semanas luego de haber tenido contacto con él y antes de presentar signos clínicos de la enfermedad. En caso de recuperarse, los animales pueden actuar como transportadores del virus diseminándolo periódicamente.

¿El parvovirus puede afectar a cualquier perro?
Todo perro que no esté debidamente vacunado puede contraer el parvovirus. Como sucede con muchas otras enfermedades, los cachorros y los animales de mayor edad son más susceptibles al contagio. Los machos sin castrar tienen mayor predisposición que las hembras enteras a desarrollar la forma intestinal de esta enfermedad. Esto se debe, probablemente, a una cuestión asociada con el comportamiento ya que los machos tienen mayor tendencia a merodear por distintos lugares aumentando así los riesgos de exposición. De acuerdo con distintas fuentes, existen ciertas razas caninas que presentan un mayor riesgo a padecer esta virosis como son el Rottweiller, Doberman Pinscher, Pit Bull Terrier y Pastor Alemán. Por el contrario, los Caniche Toy y los Cocker Spaniel parecen ser más resistentes a esta enfermedad.

¿Qué sintomas produce la parvovirosis?
Los perros infectados con este virus muestran señales propias de una gastroenteritis: falta de apetito, decaimiento, pérdida de peso, fiebre, diarrea (con fuerte olor y a veces hasta con sangre) y vómitos. En casos severos, este cuadro lleva a los animales a la deshidratación y a la muerte en 48 a 72 horas. Según las estadísticas, 1 de cada 3 perros con parvovirus muere a causa de esta enfermedad.
No obstante estos síntomas, hay que tener en cuenta que en algunos casos la parvovirosis se presenta sin ningún tipo de manifestación clínica en el perro. Esta situación se da especialmente en los animales ancianos o en cachorros que se exponen a bajas concentraciones del virus.
Es frecuente que la lesión que produce el virus en el intestino del animal enfermo actúe como puerta de entrada para la contaminación con bacterias que, si bien forman parte de la flora intestinal normal, al estar dañado el epitelio que recubre este órgano, ingresan a la circulación sanguínea y provocan una infección bacteriana generalizada. Otros virus y/o parásitos también pueden actuar como oportunistas frente al daño del intestino, complicando el cuadro inicial de la gastroenteritis.
En cachorros recién nacidos, el virus puede provocar lesiones inflamatorias en el corazón (miocarditis) que se manifiestan clínicamente con alteraciones del funcionamiento circulatorio que derivan en complicaciones respiratorias por presencia de líquido en el pulmón.

¿Cómo se diagnostica la parvovirosis?
Si bien en la práctica veterinaria cotidiana el cuadro de signos clínicos que presentan los perros con parvovirus es, con frecuencia, suficiente para arribar a su diagnóstico, la confirmación de la enfermedad se realiza sólo mediante pruebas específicas de laboratorio.

¿La parvovirosis tiene tratamiento?
No existe un tratamiento específico contra este virus sino que se debe actuar médicamente sobre los síntomas que produce. En tal sentido hay que cortar los vómitos y la diarrea y reponer en forma inmediata los líquidos y sales perdidas por el animal enfermo. Es vital la consulta urgente a un veterinario ante la aparición de las primeras señales mencionadas anteriormente. En casos severos de daño intestinal es necesaria la terapia antibiótica para combatir la contaminación bacteriana secundaria.
Una vez controlado el vómito, el tratamiento farmacológico puede complementarse suministrando al perro una dieta blanda que le ayude a recuperar los nutrientes perdidos y a recomponer la integridad del epitelio dañado que recubre su intestino. Esta alimentación consiste en pequeñas raciones de, por ejemplo, queso cottage y arroz o preparaciones comerciales especialmente formuladas para trastornos intestinales. En caso de tolerar estos alimentos se debe continuar con ellos por 1 o 2 semanas antes de comenzar a reintroducir gradualmente al perro a su dieta habitual.
La mayoría de los animales que, luego de implementarse estas medidas, sobreviven a los primeros 2 o 3 días de comenzado los síntomas, logran superar la enfermedad y curarse.

¿Cómo puede controlarse el parvovirus?
Las dos herramientas más importantes en el control de esta enfermedad son la vacunación de los perros y la higiene ambiental del hogar o criadero. El virus puede sobrevivir hasta cinco meses o más fuera del animal y es resistente a la acción de la mayoría de los desinfectantes utilizados de rutina para el saneamiento del ambiente. La lavandina usada en una proporción de 1 parte por cada 30 de agua es la forma más eficaz de eliminar al virus de las superficies u objetos donde pudiera estar adherido. En caso de riesgo de contagio se recomienda utilizar esta solución para la limpieza tanto del calzado, ropa y manos como para los recipientes que utiliza el perro para el agua y su comida.
Hasta que el cachorro no adquiera una protección inmune suficiente hay que evitar que entre en contacto con la materia fecal de otros animales (paseos públicos, etc.). En el caso de criaderos de perros se debe tomar la precaución de alojar en forma separada a los cachorros de aquellos ejemplares adultos que salen del establecimiento para participar en exposiciones o competencias caninas.

¿Cómo se previene esta enfermedad?
La vacunación de todos los perros a partir de las 6 semanas de edad, repitiéndola cada 3 semanas hasta las 12 semanas de vida, y luego con un refuerzo anual, es sin dudas la forma más segura de mantener a estas mascotas a salvo de la parvovirosis canina.

¿Que tipos de vacunas contra parvovirus existen?
En la actualidad se encuentran disponibles diferentes tipos de vacunas contra parvovirus: a virus vivo atenuado y las llamadas a virus vivo potenciadas.
En líneas generales las vacunas a virus vivo potenciadas son más eficaces en cuanto a la generación de inmunidad, protegen mejor a los cachorros (acortan la duración del periodo de mayor riesgo de estos animales o “ventana de vulnerabilidad”). Han demostrado que otorgan una protección más duradera respecto de las vacunas a virus vivo atenuado, y que normalmente todos los cachorros atraviesan una etapa crítica de mayor exposición frente a los agentes infecciosos. Este periodo se ubica, aproximadamente, entre las 6 y las 12 semanas de vida. Hasta entonces los cachorros están protegidos por los anticuerpos de la madre que adquirieron en forma pasiva al mamar el calostro. La eficacia de este “escudo materno” comienza a disminuir paulatinamente y, al cabo de las 6 semanas de vida, ya no es lo suficientemente seguro como para proteger en forma completa a los pequeños de la agresión de los agentes infecciosos. No obstante, el mayor problema es que estos anticuerpos maternos que aún permanecen en los cachorros, pero sin protegerlos adecuadamente, neutralizan la acción de las vacunas, dejándolos vulnerables hasta las 12 semanas de vida cuando sí responden satisfactoriamente a la terapia vacunal. Las vacunas potenciadas ayudan a “cerrar” esta ventana de vulnerabilidad de los cachorros ya que sobrepasan el bloqueo de los anticuerpos maternos proporcionando una protección completa, segura y precoz.

 

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